Carta
He estudiado muy poco, porque he tenido un montón de excusas para no hacerlo. Pero aun así, me propuse sacarme el carnet de conducir y lo conseguí. Realmente no es una gran noticia, todos mis amigos lo tienen, pero para mi es como es si hubiera terminado de construir un rascacielos.
Lo de dejar de fumar lo estoy intentando. He logrado estar este mismo fin de semana sin fumar ni un pitillo, y no creo que fuera por eso pero fue de los mejores de mi vida. Empezó con salir el sábado sin cajetilla en el bolsillo y me temblaba todo el cuerpo. Es como si me faltaran las llaves, muy extraño. Pero después con el alcohol recorriéndome las venas ya casi no caí en ello. Solo en un bar pequeño lleno de humo se me vino a la mente acercarme a la maquina, pero resistí sobretodo por que sonó la canción que tu y yo conocemos, esa del principio lento... Entonces ya me sentí desvanecerme. Pero no, resucite, al menos una parte de mi cabeza cuerda. Una que solo a veces conozco.
Como si mirase desde detrás de las cuencas de los ojos vi a una chica no muy lejos. No es guapa, no me atraía tan siquiera su pelo o sus ojos. Lo que me dejo atónito. Una tibia sonrisa entre todos sus amigos. Es como si ellos fueran desconocidos y entonces ella me parecía conocida. Ya se que no me entenderás, pero es que era así. Yo no podía perder el tiempo en entenderlo. Simplemente me quede mirándola, entonces ella me vio y baje la mirada. Me había pillado, que vergüenza. Pero al levantar la vista tímidamente, la vi que ella me seguía mirando. No se que paso, realmente yo a veces echo la culpa a la canción y a veces a la mente que me funcionaba diferente.
Me acerque a ella, no sentía vergüenza. Sabes que alguna que otra vez tartamudeo, pues esta vez no fue así. Simplemente me puse a su lado y hable. Se me ocurrieron un montón de cosas sinsentido pero que a los dos tenían sentido. Entonces, quise saber su nombre, no se me ocurría ninguna forma para que no pareciera una osadía, así que la dije mi nombre esperando que me dijera el suyo por el incomodo silencio, y ella se rio. No me iba a decir su nombre. A mi me desconcertó.
Supe como decirla que me iba a producir un insomnio tremendo no saber quien era, su teléfono al menos. Entonces me dijo que si quería que me acompaña a mi casa. Si, yo pensé lo mismo. Y tenia razón la cosa no iba a ser tan bonitas. Pero no acabo mal. Yo estaba en el sofá, acostado sobre unos cojines, y ella me contaba su cuento muy despacio y muy bajito tan cerca de mi oreja como no ha estado nunca nadie. O más, tal vez más aun. Después del cuento no me dormí, pero soñé mucho.
Ahora pienso que fue una suerte, pero antes pensaba que estaba loco. No se puede dejar entrar así a nadie en casa, no se, tan rápido debería de estar loca. Realmente ha habido muchos días que he intentado hacer lo mismo, acercarme a una chica y decirla algo, sobretodo bonito. Pero la timidez me mata, a veces me siento como un perro apaleado que ya no quiere ni ladrar. Entre las cosas buenas, es que al menos el cuento fue realmente estupendo aunque nunca merecerá la pena de no volver a saber nada de ella.
No soy yo eres tú, no es él es ella, no es nosotros sois vosotros. Ellos nunca fueron por que fuimos todos.